A finales de la década del 60, un pequeño poblado en Texas es el escenario de una serie de misteriosas desapariciones y muertes violentas e inexplicables. Tras el cierre de una planta industrial de carnicería se despide al último empleado de nombre Thomas Hewitt, un gigante silencioso y de aspecto terrible, el cual es repudiado por todos los habitantes del pueblo. Tras asesinar a golpes con una comba al jefe de la planta, el gigante deambula por la soleada carretera. El comisario del pueblo llega a detenerlo, acompañado del tío de Thomas, a quien acudió solicitando ayuda, pero éste sorprende al oficial con un tiro de escopeta, para luego vestirse con sus ropas y robar el auto policial. Mientras tanto, un grupo de jóvenes viaja por la carretera y está a punto de cruzar su camino con el auto patrullero y con el gigante asesino que la gente llama desde entonces "Leatherface".
La primera pregunta que surge es: ¿era necesaria esta precuela? Mi respuesta es ¿por qué no? La respuesta es sí para los productores, que obviamente buscan más ganancia con la franquicia de la célebre serie de "La masacre...", gracias a la buena respuesta del público tras el estreno del remake en el año 2003. Además, siempre es bueno ver a un terrorífico personaje como "Leatherface" o "Cara de cuero" en acción, y así lo ha entendido el director Jonathan Liebesman, pues se ha esmerado en cada una de las escenas en que el gigante asesino hace acto de presencia, destacando ese andar en la carretera bajo el sol, que rinde pequeño homenaje a la clásica cinta de Tobe Hooper, y por supuesto, su carrera en persecución cruzando la densa vegetación armado con su célebre e inseparable motosierra, pisándole los talones a su indefensa víctima.
Y el horror está ahí. Escenas brutales desde el inicio como la muerte del capataz, las torturas a los viajantes cautivos, los distintos asesinatos a punta de motosierra, y la reproducción de la célebre "mesa familiar", con menos ingenio, pero con suficiente eficacia. El gore y los momentos de horror son el punto fuerte de la película. Y no pidamos más, pues el guion escrito por Sheldon Turner, sobre una historia de él mismo con David J. Schow, éste último un veterano en el género que participó en la tercera cinta de la serie, a pesar de ello, no aporta demasiada novedad, el origen de "Leatherface", se reduce a una sola secuencia inicial sin mayor explicación, aunque quizás esto sea lo mejor.
Las victimas nuevamente son jóvenes protagonistas, pero sin mayor interés que el verlos padecer los horrores a manos de los psicópatas. Incluso su rollo del viaje a Vietnam es tan intrascendente que luego ni se extraña, por mucha meta referencia que pueda haber, sobre aquellos años y lo que significó para el sueño americano. Y aquí por contradicción está el mérito del director Lieberman, pues otorga mayor interés a lo que el público seguidor de la saga pide: horror que no se escatima. Además, tenemos nuevamente un buen trabajo del actor R.Lee Emey como "el sheriff Hoyt", y que se ha vuelto tan característico como Leatherface en estas nuevas versiones, mostrando detalles que encajan muy bien con respecto a lo visto en el remake. La joven actriz Jordana Brewster aporta suficiente credibilidad a su personaje, además de mucha belleza que casi hace olvidar a Jessica Biel.
La película mantiene el formato de lo hecho por Marcus Nispel, y ello funciona adecuadamente. "Masacre de Texas, el origen" es una cinta que cumple en su cometido, ni más ni menos. Larga vida a "Cara de cuero".
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