martes, marzo 10, 2026

El Sobreviviente - The Running Man (2025)

 En un futuro distópico, Ben Richards, un padre de familia desempleado, debe mantener a su familia y buscar recursos para pagar la atención médica de su pequeña hija, la cual se encuentra bastante delicada. Su esposa hace un gran esfuerzo para ganar algunos ingresos, incluso haciendo horas extras en horario nocturno, por lo cual Ben toma una medida extrema: participar de un concurso televisivo que puede hacerlo millonario, pero en caso de fallar puede acabar con su vida en forma violenta; y todo ello transmitido en vivo y en directo. El concurso es "El Sobreviviente", y es el más popular de toda la cadena televisiva. La carrera comienza, y tiene una duración de 30 días, en los cuales los participantes deben recorrer toda la nación y huir de feroces cazadores de hombres completamente armados, quienes al capturarlos acabarán con sus vidas sin piedad: en vivo y en simultaneo, para la alegría de los televidentes de todo el país.

Hubo una vez, a finales de los años setenta, un escritor llamado Richard Bachman, el cual apareció en el mercado editorial norteamericano de manera sorpresiva. Su estilo es el de un relato violento y realista, pero incluye relatos con mucha carga de anticipación sobre el futuro de la sociedad contemporánea, lo cual ha ganado a lo largo de los años el debido reconocimiento. Esto pudo convertirlo hoy en día en un escritor de culto, subterráneo tal vez, pero de gran interés. Hasta que llegó la gran revelación. Tras una serie de novelas publicadas hasta mediados de la década del ochenta, las dudas sobre su identidad empezaron a extenderse ante la falta de imagen pública. Fue un librero quien descubrió que los derechos de autor de los libros de Bachman correspondían a Kirby McCauley, agente literario de cierto famoso escritor superventas. Pero sólo la primera de sus novelas, la hoy descatalogada "Rabia", mantenía el registro a nombre de su primer titular: Stephen King. (Fuente: La forma loca en que Stephen King fue descubierto como Richard Bachman).

Porque si, amigos, se trataba de nuestro escritor favorito, el señor Stephen King, nacido en Portland, Maine, EE.UU., en el año 1947, y considerado el rey de los escritores superventas del género del terror. Su identidad secreta como Richard Bachman obedeció a un experimento propuesto por el propio autor para publicar una serie de novelas en las cuales experimentaba un estilo diferente al habitual, sin elementos sobrenaturales de por medio, pero con mucha tensión, violencia, y también terror, por qué no. A este pequeño grupo de novelas, que fueron siete en total, pertenece una distopia que hoy en día se considera una obra precursora para este tipo de ficciones, toda una vertiente de historias muy prolífica.

La novela en cuestión es "El Sobreviviente", publicada en el año 1982. Una vez que fue conocida la verdadera identidad de Richard Bachman, la adaptación cinematográfica correspondiente no tardó nada en producirse y ser llevada a la pantalla. Eso sí, en una producción bastante accidentada que implicó cambios de guiones y directores a ritmo apresurado. El producto final es una película bastante entretenida, dinámica y memorable dentro de su sencillez, gracias a un apartado visual de pocos medios, pero bien conseguido, y un protagonista ya convertido en la presencia escénica más famosa de aquel momento del cine de acción, como lo fue el gran Arnold Schwarzenegger. Lo dicho, una película memorable, pese a quien le pese, pero no una buena adaptación de la novela de Richard Bachman, perdón, de Stephen King.

Justamente, casi cuarenta años después, el 2025 será recordado como uno de los años con más adaptaciones cinematográficas y televisivas del universo literario del escritor de Maine, a saber: "La vida de Chuck", "La larga marcha", "El mono", "It, bienvenidos a Derry", "El instituto", y, por supuesto, la nueva adaptación cinematográfica de "El Sobreviviente", siendo esta vez una película dirigida por el notable realizador inglés Edgar Wright.

A estas alturas de la vida, quedan muy pocas dudas de que cualquier película dirigida por Edgar Wright es una obra de mucho interés. De su realización más reciente, "Una noche en el Soho" muestra un contenido muy fascinante, comparable a un anime magistral como lo es "Perfect blue", al cual recuerda en su trama de dobles identidades. También tenemos su contribución al cine adrenalínico de acción, como lo es "Baby driver", un trabajo con mayor eficacia y más simpatía que media saga de "Rápidos y furiosos", o al menos, así lo creo. Ya retroceder hasta su famosa "Trilogía del Cornetto" resulta redundante para destacarla por la gran importancia que mantiene, además que me da pereza en estos momentos. Así que pasemos a su más reciente trabajo en este pasado 2025. Y que conste que esta nueva película logró un impacto menor de lo que se esperaba, sin alcanzar la coronación en la taquilla ni los beneficios económicos suculentos para sus productores, que ya sabemos es lo que importa. Da igual, yo lo disfruté, y estoy seguro de que, con el paso de los años, será otra obra de referencia sólo para fanáticos del arte pop más bizarro e hijo innegable de su tiempo.

A ver, que esta producción tuvo toda la intención comercial a su disposición, pues sí. El protagonismo recae en uno de los actores del momento, como lo es el señor Glen Powell, quizás uno de los actores más carismáticos de la actualidad, cuyos trabajos han sido muy variados, pues van desde la comedia romántica como "Con todos menos contigo", a la comedia de acción como "Cómplices del engaño", y la aventura bien hecha, como "Twisters". En "El Sobreviviente", Powell encarna a Ben Richards, un padre que se halla en una situación desesperada por lo cual se involucra en una situación de vida o muerte. Esto lo lleva a enfrentar una serie de situaciones de mucha tensión, con un despliegue físico extenuante, sin dejar de componer un personaje con la adrenalina a tope por la amenaza que lo rodea. Aun así, Ben Richards mantiene un equilibrio en sus decisiones para lograr sus objetivos, con cierta dosis de humor negro que le permita sobrellevar tamaña carga pesada. El trabajo de Powell en esta película es notable, efectivo y total en su protagonismo, porque sin duda es el personaje más memorable de la función.

Del mismo modo, y lo que eleva la calidad de esta película a un mayor nivel es el gran trabajo narrativo y de puesta en escena que aquí el director Edgar Wright construye con bastante eficacia. Recrear una Norteamérica dictatorial y represiva no es tarea sencilla, y en el film se logra con pocos escenarios exteriores, bien recreados, tanto la gran urbe casi irreconocible por su frialdad estética, como su lado más desfavorecido, con esos barrios pobres sumidos en sombras y abandono. El relato recorre principalmente estos lugares, donde Ben Richards acude en busca de refugio; en ellos, se encuentra con una serie de personajes subversivos, cada cual más disparatado, aunque la participación de estos es breve. La acción llega hasta los pasillos de viejos edificios o los rincones de grandes casonas. Y también se deleita en carreteras que parecen no tener fin.

El recorrido por el gran país tiene mucha importancia en la travesía del fugitivo, huyendo de sus implacables perseguidores: un pequeño ejército que parece sacado de las viejas fantasías del cine postapocalíptico italiano, tales como "2020, gladiadores de Texas" o la más memorable "Los Guerreros del Bronx", un tipo de cine con el cual aquí hay cierta similitud espiritual, me atrevería a decir, y no estoy loco. Porque esta película se podría inscribir en este tipo de historias, sin lugar a dudas, aun siendo un producto mucho mejor realizado, con un director muy expresivo y talentoso, y, además, con una producción dotada de mayores recursos, valgan verdades. Es decir, como deben hacerse las cosas cuando se quieren hacer bien, sin escatimar esfuerzos. En ese sentido, la producción del film ha cumplido.

La fidelidad a la novela de Richard Bachman, otra vez perdón, Stephen King, es más que notable, aun con ciertos cambios, propios de la adaptación cinematográfica que busca un amplio público asistente. Además, el final orquestado en esta adaptación, teniendo en cuenta la tónica del relato que mantiene Edgar Wright a lo largo del film, es sin duda el mejor posible y el más ingenioso. Hasta se podría decir que por dos dedos de frente no se aleja de la obra de King, y mantiene el respeto a su propuesta.

Muy satisfecho he quedado con esta pequeña gran película realizada por el gran Edgar Wright. Lo de pequeña lo digo por la poca repercusión obtenida en su estreno, pero como dije, espero que el tiempo la recupere y la ponga en un apartado especial que se merece. O al menos, es lo que yo haré.