"¿Qué es la vida?, un frenesí, ¿Qué es la vida?, una ilusión...", y así sigue aquel poema, el cual recordé luego de ver la siguiente película.
James Foley fue un destacado director de Hollywood con cuatro décadas de carrera, siempre con películas muy bien realizadas, desde su inicio con la historia juvenil de "Reckless" del año 1984, que nos muestra el romance entre el rebelde Aidan Quinn y la bella Daryl Hanna, siendo estudiantes en una escuela secundaria, destacando en los años noventa con el celebrado drama "Glengarry Glen Ross", un despliegue de actuaciones muy destacables, cuyo elenco lo encabeza el gran actor Jack Lemmon. También incursionó en los géneros de la acción y el suspenso, de manera correcta y efectiva, destacando la figura del actor Mark Whalberg, en las películas "El Corruptor", haciendo dupla con el actor Chow Yun-Fat, y en la cinta "Fear", acosando a la juvenil Reese Whiterspoon. Ya en los años dos mil lo suyo fue principalmente la televisión, en episodios de la serie "House of Cards", hasta su participación en la trilogía de "Fifty Shades of Grey", partes dos y tres. Fue un realizador muy correcto, cuyo balance de trabajos siempre fue de notable apreciación.
En el año 1990, James Foley incursionó en la literatura del escritor Jim Thompson, un autor cuyas historias nos muestran el rostro de Norteamérica como escenario para la corrupción, el vicio y la pobreza, con personajes que sólo buscan sobrevivir a ello, librando todo tipo de batallas. Resulta mejor citar lo que dijo Stephen King sobre la obra de este autor: "Lo que convierte los libros de Thompson en literatura es su disección clínica de la mente alienada, de la psique trastornada hasta convertirse en una bomba de nitrógeno, de las personas que recuerdan a unas células enfermas y situadas en el intestino de la sociedad estadounidense". Nuff said.
La novela "After Dark, My Sweet" sirve de inspiración para una película sólida y muy destacable. James Foley siempre ha sido un realizador de ejecución clásica, aleccionadora, de mirada sobria y precisa. Del mismo modo, ha sido un buen director de actores, destacando lo mejor de sus intérpretes en las obras que llevó a cabo. De este modo, la obra cuenta con el protagonismo del actor Jason Patric, en uno de sus trabajos más memorables, muy bien acompañado por las insuperables actuaciones de Rachel Ward y Bruce Dern. Una historia que cuenta principalmente con tres personajes, unidos por la ambición, la decadencia y la desesperanza. Así de claro. Mención especial al actor George Dickerson como un médico interesado en el pasado del protagonista, y que resulta clave en el giro del relato.
Jason Patric es Collie, un boxeador que está huyendo de su pasado por motivos que no revela. Debido a ello, llega hasta un poblado en California donde conoce a Fay, una viuda muy atractiva la cual le presenta a Bud, un expolicía, con quien tiene un plan para hacer una fortuna: secuestrar al hijo menor de una familia adinerada y solicitar el rescate millonario. Collie es seducido por Fay, y acepta llevar a cabo el plan. Como es de suponer en este ambiente de corrupción, tanto la mentira, el engaño y la locura se harán presentes, dando paso a situaciones que conducen a un destino incierto, como el paisaje desolador que los rodea.
James Foley nos cuenta esta historia en forma muy eficaz, donde sus personajes se relacionan siempre expectantes ante el engaño y la traición, sin confiar uno del otro. A lo largo del relato se acude a breves flashbacks sobre el pasado del protagonista, para mostrar un completo cuadro de su mente torturada, y la manera en que busca sobrevivir y construir una nueva vida, sin aceptar que quizás ya es tarde para ello. Muy buena la actuación de Jason Patric, en su papel de perdedor total. Un actor cuya trayectoria tuvo un inicio como estrella de cine juvenil, y luego tomó la ruta del cine independiente, con alguna incursión fallida en el cine de acción, pero sin duda donde siempre resulta notable es en el drama y el suspenso, alejado de los grandes estudios. La actriz Rachel Ward luce tan seductora en modo natural, sin ningún alarde, y compone a un personaje de gran personalidad, y, probablemente, la más sincera en este ambiente de mentiras. El notable actor Bruce Dern hace una labor impecable como un expolicía corrupto y metido en problemas, un manipulador que ve en el exboxeador una buena oportunidad para su plan.
"After Dark, My Sweet" es, como dijo Rogert Ebert, una película que eludió al público. Dicho de otro modo, quedó bajo el radar, en medio de un ambiente donde el cine apenas apostaba por el cambio de los luminosos años ochenta hacia una nueva década, la cual disfrutó de grandes títulos dentro del cine de autor, y por ello, una obra con una historia íntima y nada optimista no alcanzó el reconocimiento merecido. De todos modos, es un film hoy mejor apreciado, que ya anticipaba el nuevo cine de la década del noventa.
