martes, julio 07, 2026

Muerte diabólica - Evil Dead (1981)

 Vista nuevamente "Evil Dead" de Sam Raimi, es evidente que esta obra es una magistral lección de cinematografía de principio a fin, en sus escasos ochenta y pocos minutos de duración.

La historia es concebida por su director Sam Raimi como un sencillo cuento de horror, convertido poco después en uno de sus primeros cortometrajes, muchos de los cuales comenzó a rodar antes de cumplir los dieciocho años. El corto en cuestión es titulado "Within the Woods" del año 1978. Inspirado plenamente por los relatos contenidos en "Los Mitos de Cthulu", esa catedral de las pesadillas escrita por el autor Howard Phillip Lovecraft en compañía de otros autores, y que sigue siendo fuente de las más inspiradas concepciones del llamado horror cósmico. Este trabajo fílmico se convierte en el correcto aperitivo de la obra mayor que da inicio a la brillante filmografía de Raimi, nacido en Michigan, EEUU, en el año 1959.

A día de hoy no me queda duda que "Evil Dead" es de aquellas películas que se encuentra a la altura de títulos como "Night of the Living Dead", "Texas Chainsaw Massacre" o "Halloween", en la manera en que cambiaron el género del cine de terror, en la influencia que ha ejercido en posteriores producciones y en la trascendencia alcanzada luego de cuarenta y cinco años, durante los cuales aún se sigue discutiendo y recordando sin ningún signo de agotamiento. Que los estudios de cine hoy en día la hayan convertido en otra de sus lucrativas marcas no evita que se reconozca que esta primera película y su magistral secuela pertenezcan al salón de la fama del horror más espectacular e ingenioso que se haya producido.

Como hemos dicho, "Evil Dead" es toda una lección de cine para quienes se atrevan a iniciar sus pasos en el camino de la realización fílmica. Con apenas 21 años, Sam Raimi controla totalmente la puesta en escena de su relato; hace un trabajo formidable con su elenco de actores, casi todos sin mayor experiencia en el cine, incluido su protagonista y socio del director, el gran actor Bruce Campbell, quien entonces apenas registraba una filmografía plena en cortometrajes. A su vez, tanto las cámaras, la iluminación, el ambiente, el sonido, y todos los demás aspectos son coordinados y puestos al servicio de la visión del realizador para dar vida a su terrible cuento.

Lo que hace Sam Raimi es construir una pesadilla en pantalla: con su elenco de actores, con su equipo técnico, en apenas algunos sets de filmación, la realidad tal cual la conocemos desaparece dejando en su lugar una serie de imágenes sacadas del más terrible festival de horrores. Donde un bosque cobra vida de la manera más artesanal, y aun así en forma muy efectiva; la pequeña cabaña se convierte en un espacio reducido donde seres demoniacos cobran vida en forma espectacular, dentro de sus cuatro paredes gracias a una cámara inquieta y muy invasiva en todos los espacios, por muy reducidos que sean. 

El director inicia su relato presentando a sus personajes en medio de diálogos bastante sencillos, lo suficiente para describirlos de manera puntual. No hay mayor énfasis dramático pues no lo requiere. Porque el punto de inflexión llega con el descubrimiento de una vieja grabadora, al lado de un libro y una daga: el llamado Libro de los Muertos y una reliquia antigua en la forma de una daga ceremonial. La grabación puesta en marcha deja oír la voz de un experto estudioso y su lectura de ciertos pasajes de un texto ominoso hallado en unas ruinas sumerias. Estas extrañas circunstancias desatan la maldad que acecha desde algún lugar oculto en el espacio y el tiempo.

De manera puntual, cada integrante del grupo de intrusos en esta cabaña es víctima de ataques sobrenaturales que se desarrollan sin piedad alguna. Hay una escalada gradual del horror, pero esta da inicio en un nivel bastante alto, a diferencia de las películas de terror más convencionales. Los personajes alcanzan un mayor protagonismo a medida que sufren los mayores infortunios como producto de la maldición desatada, y es ahí cuando los conocemos realmente. Bruce Campbell, en el rol de Ashley, o Ash para sus amigos, es quien pasa del total desconcierto que inmoviliza hasta el protagonismo que asume ante el horror que se presenta, como única manera de salvar la vida. Su actuación pasa de la discreción y pasividad a la violencia desatada más expresiva. Como suele ocurrir en los relatos lovecraftianos, el protagonista conjura la amenaza y alcanza una victoria de sabor amargo, o, en su defecto, falla en su intento y el mundo cae bajo la fatalidad de una maldad inconmensurable. Ese es el grado de la amenaza que se cierne sobre los protagonistas de "Evil Dead".

Como hemos dicho, el relato no tiene piedad, y desata la violencia sobre los cuerpos con mucho horror visceral, gore del más grotesco, maquillajes de pesadilla, y ataques de violencia que incluso no escatiman en algunas connotaciones sexuales, lo cual realmente sorprende por su desenfado. Raimi sabe mostrar el terror en el ambiente adecuado, con un trabajo de iluminación y sonidos muy efectivos. El llamado efecto "jumpscare", hoy en día tan usado y abusado hasta el cansancio, es empleado aquí por el director de manera ejemplar: directo, ingenioso, oportuno y sin tregua.

A estas alturas de la vida, queda claro que no habrá otra película como "Evil Dead" de 1981. Así como no hay otra película como "Evil Dead 2", casualmente porque el propio Raimi propuso una vuelta de tuerca donde el humor negro cobra el principal protagonismo, que ya asomaba en esta su primera obra. Asimismo, el director y escritor conduce la historia hacia ese otro mundo terrorífico apenas propuesto, abriendo la puerta hacia una dimensión donde la creatividad alcanza su mayor nota. Pero esa es otra historia.


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